sábado 11 de agosto de 2007

Las ilusiones, se venden...


Este es uno de los motivos por los que decidí comenzar el blog.

Ha sido una situación que he vivido hoy, y que me gustaría lanzar al ciber-espacio, con la esperanza de que... bueno, en realidad, no sé bien con qué esperanza.

Me encontraba en un conocido centro comercial. Mientras mis acompañantes iban a ver la elegantísima ropa que se encuentra dispersa por diferentes plantas, yo decidí darme un paseo hasta la sección de informática para ver si encontraba algo mínimamente interesante, tiempo tenía más que de sobra.

Por el camino encontré una gran mesa llena de libros de oferta, 5,95 € la unidad. Ya había terminado Robots e Imperio, de Asimov (lectura que, por cierto, recomiendo vivamente, aunque sea la segunda parte de una saga), por lo que se me ocurrió que podía hacer una pequeña parada por si veía algo interesante.

Comencé a revolver: Generales en la época de Franco, un libro sobre el egipto de los faraones, El complot Aznarista, algo sobre una rebelión en un barco que debe ser tan famoso que no lo conozco ni de oídas, las listas de ETA en el 2007, un libro sobre los fanáticos islamistas... En fín, ahí estaba enfrascado, sacando un libro, leyendo un par de páginas, la contraportada, quizá acaso ni eso, sacando otro, y la misma rutina... durante un buen rato. Repetí el procedimiento sobre otra mesa con más libros de oferta, aunque aquí ponía "Literatura Infantil" (puede que "De MÜnich a Auschwitz" sea ahora clasificado como infantil), con el mismo resultado, por lo que volví a cambiar de mesa a "libros de bolsillo", "novela", "betsellers", etc...

En un momento determinado, me encontré que había terminado de olisquear la última de las mesas, con sus montones de libros y no había encontrado nada que me gustara. En ese momento una idea cruzó mi mente. En cuestión de minutos, había desechado decenas, quizá un centenar de libros... en tan sólo unos minutos.

Por un momento, sólo por un momento, con la mano puesta sobre los lomos de libros amontonados, comencé a notar algo... cada libro... cada autor... todos diferentes, y todos con algo que contar. Tantas horas en cada uno. Tantas páginas revisadas palabra a palabra. Frase a frase. Y, al igual que yo había hecho, volverían a pasar sobre ellos miles de personas, tirándolos sobre la mesa tras un vistazo rápido que les mostraría.... ¿la portada? ¿la opinión de un compañero escritor sobre el mismo libro? acaso (a lo sumo) ¿la inspiración del autor a lo largo de uno o dos párrafos en mitad del libro?. No, definitivamente no es justo.

Sé que puede resultar difícil de creer, pero allí, parado, viendo las mesas y mesas de libros amontonados, hubo un momento, quizá un segundo, en que me pareció escuchar a todos estos libros. Todas estas obras, fruto de incontables horas de consulta, escritura, revisión y vuelta a empezar, amontonados, sin nadie que les prestara la menor atención, o que les pudiera juzgar con cierta "justicia".

El sonido de móvil me despertó de estas ensoñaciones. 2 pantalones y 1 camiseta de verano habían cumplido las expectativas de mi compañía y ya se disponían a salir. Me despedí silenciosamente de las mesas, y deposité un ejemplar de Némesis el el correspondiente hueco que había dejado en la mesa junto a mí y, con un pequeño toque en el lomo, me pareció decirle algo un segundo antes de enfilarme hacia el aparcamiento de coches, donde volvería a contemplar las colas de furiosos y compulsivos compradores que, como yo, por propia voluntad y forzados, acudían al centro comercial a arrancar el motor de la economía mientras intentaba recordar una frase, leida en algún sitio, y que tuve que buscar en internet en cuanto llegué a casa, ya que no conseguía sacármela de la cabeza:

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." -Proverbio hindú


1 comentarios:

Don Terrible dijo...

Hoy me he cruzado con una vecina a la que no había visto nunca. La he mirado buscando su cara para saludarle pero ella sin dejar de fumar me ha ignorado completamente. Seguramente sólo ha sido un instante perdido para ambos. Ahora me he cruzado con este blog abandonado y después de mirarlo y leerlo te dejo un saludo vecino.